Priapo y los priapúlidos
Desde que surgió la nomenclatura científica para los seres vivos tal y como la conocemos (vamos, la nomenclatura binomial de Linneo) se han puesto unos nombres estrambóticos (y en muchos casos impronunciables) a los animales. Desde que se inició esta nomenclatura, en muchos casos se ha ligado esta forma de llamar a los seres vivos a las lenguas griega y latina, o a sus respectivas culturas.
Con este post os vamos a demostrar que los biólogos somos unos seres cultos, pero que al mismo tiempo no son capaces de dejar de pensar en ... pues sí, lo habéis adivinado: la reproducción (o el intento fallido, que es lo que ansiamos continuamente). Vamos a verlo tomando como ejemplo a Príapo y los priapúlidos.
Según nos cuenta la mitología griega Príapo fue fruto de las lujurias entre Dionisos y Afrodita, pero al enterarse la diosa Hera del nacimiento del retoño, celosa, lo maldijo con una deformidad bastante notoria: un órgano sexual de inconmensurables dimensiones; para evitar las burlas de los dioses lo abandonó en el campo donde se forjó como Dios de la virilidad ante tamaña proporción en su miembro reproductor. Bueno, ahí tenéis un retrato de la época:

PRIAPO. Foto de archivo.
En cuanto a los Priapúlidos son un filo de gusanos marinos de las que encontramos 15 especies que viven enterrados en fondos arenosos o fangosos, de aspecto alargado, que miden desde 5 mm hasta 40 cm y... bueno, qué cojones, ahí tenéis una imagen:

Como podéis comprobar, hicieron bien en basarse en Priapo para dar nombre a tan estrambótico grupo de animales. Y para demostrar que los de Vida insólita no sólo sabemos de bichos y mitología clásica, ahí os dejamos la prueba de que también disfrutamos de la más exquisita literatura: un poema de corte clásico-erótico-pastoril.
Oda a Priapo
Este falo capón que ves ahora
capullo de algodón ya sin sentido
fuera otro tiempo verga vibradora.
Fuera otrora magnífico badajo,
cucaña, mástil, espolón altivo...
sin rodeos, mi amor, un buen carajo.
Este morcón con aires de morcilla
nació caña de lomo y fue chorizo
enhiesto cual Giralda de Sevilla.
Monstruo sedente hoy, en horas bajas,
no queda a su placer otro destino
que el lúbrico manubrio de una paja.
Compadeciose ella del otoño,
cayó la falda, le mostró el chumino
y a Prìapo dejó besarle el coño.
Este falo capón que ves ahora
capullo de algodón ya sin sentido
fuera otro tiempo verga vibradora.
Fuera otrora magnífico badajo,
cucaña, mástil, espolón altivo...
sin rodeos, mi amor, un buen carajo.
Este morcón con aires de morcilla
nació caña de lomo y fue chorizo
enhiesto cual Giralda de Sevilla.
Monstruo sedente hoy, en horas bajas,
no queda a su placer otro destino
que el lúbrico manubrio de una paja.
Compadeciose ella del otoño,
cayó la falda, le mostró el chumino
y a Prìapo dejó besarle el coño.
Jota Siroco. Poeta.







